Juntas de ex-compañeros

Una situación que siempre se ha dado, pero que se ha potenciado con el uso masivo de las redes sociales, son las reuniones de ex-compañeros. Y lo escribo en este blog porque siento que es parte de la vida adulta eso de rememorar, de mirar hacia atrás, de recordar lo vivido, compartirlo con la gente con la que lo viviste, copuchar en qué anda la vida de tus "amigos" que no ves hace mil años, pensar en lo bien o lo mal que le ha hecho la edad a algunos, etc.
Hoy tenía una de esas juntas. Si bien no era precisamente una junta de ex-compañeros, era una reunión con personas con las que compartí durante varios años y, llámenme antisocial (es cierto, lo soy y siempre lo he sido) pero no me animé a ir. Se me hizo un mundo tratar de mantener una conversación durante un par de horas que solo girara en torno a lo que fue, ya que no hay mucho en común en el presente.
Los caminos se separan si dejas que lo hagan y eso fue lo que hice hace casi 10 años. Ha pasado mucha agua bajo el puente. Por ahí algunos conflictos que podrían haber salido a la luz nuevamente y que no estaba con ánimos de enfrentar. La confianza y los lazos desaparecieron; es más, lo que nos unía ya no es parte de mi vida.
Suelo quejarme de los pocos lazos afectuosos que he mantenido a lo largo de mi existencia, pero no me nace forzar situaciones ni menos forzarme a mí misma a mantener dichos lazos si no me siento cómoda con ellos. Sé que a la mayoría de las personas les gusta y esperan este tipo de reuniones, pero sinceramente confieso que a mí me ponen tensa. Otra más de mis resistencias a ser una mujer adulta.

La vida te da. La vida te quita.

Aunque este no es un proceso que necesariamente he vivido solo siendo adulto, a muchas personas solo les pasa al comenzar la adultez, esto es, percibir cuánto han perdido de lo que hacían siendo niños o jóvenes.
Me imagino que es natural que, con el correr de los años, las personas vayamos sintiendo que la vida nos ha quitado ciertas cosas, personas, momentos, actividades que solíamos realizar y que, a cambio nos ha dado responsabilidades.
Justamente cuando me siento abrumada por las responsabilidades de la vida de adulto es cuando empiezo a sentir la falta de libertad, esa libertad que me permitía no hacer nada si no lo quería, pues nadie dependía de mí. A veces siento ganas de tirarme en la cama y escuchar música, como lo hacía cuando era adolescente y llegaba del colegio, después de hacer las tareas -obviamente, era una niña responsable jajaja-. Pero ahora no puedo darme esos lujos, pues no pasan ni 10 segundos y ya tengo encima a mi hijo pidiendo un poco de atención, o recuerdo que tengo ropa que tender, platos que lavar, libros por leer,  proyectos por terminar... y la lista sigue.
Éste es sólo un ejemplo. Otro que me ha penado en estos días es sentir nostalgia por lo que no viví (compartir con mis amigos, salir un poco más, tal vez conocer más personas, ser menos 'cuadrada' en mi forma de pensar, disfrutar más y llorar menos... etc) y sentir falta de lo que sí tuve (los abrazos, risas y "te quiero" de mis amigos, su sola presencia en lo cotidiano, las caminatas por la playa, los atardeceres reflexionados, por nombrar algunos). Y esas son solo algunas de las cosas que extraño y que me hacen falta, unas más, otras menos, y que no sé si podré darme el lujo de volver a vivirlas. A cambio de eso, la vida me da otras alegrías, me da la posibilidad maravillosa de compartir con mi hijo y mi esposo, de sentir su amor y me da una segunda oportunidad (en realidad cuarta, pero no le cuenten a nadie) de volver a formarme profesionalmente...
La vida me dio. Yo escogí qué tomar y qué dejar de lado.
La vida me da y sigo escogiendo, aunque ahora espero abrir más los brazos para perderme lo menos posible de todo lo que me ofrezca. Ahora quiero recuperar los lazos que me importan, las personas que extraño y que me hacen verdadera falta.